ENTENDER CÓMO SE CONSTRUYEN LOS HÁBITOS ALIMENTARIOS ES UNA TAREA DE TODOS EN CONJUNTO
El consumo de sustancias o
alimentos desconocidos puede derivar en inseguridad. Se recomienda 2 ofrecimientos
por semana del alimento rechazado para lograr su aceptación, lo que puede
llegar a necesitar 8-10 exposiciones.
• Algunos comportamientos de
los adultos no son buenos ejemplos para el niño (por ej.: no les gusta la
sopa o la ensalada, pero el niño se las tiene que comer).
• Presentimientos negativos
de los adultos (le voy a dar el huevo pero le va a hacer daño…” le voy a dar
la carne pero no le va a gustar”).
• Control exagerado de la
ingesta por temor al sobrepeso (usualmente promueve la ingesta del alimento
prohibido).
• Tener como guía de buena
ingesta al plato vacío (acaban guiándose más por el contenido del plato que
por señales internas de saciedad).
• No prometer algunos
alimentos como premios o premios por la comida (prefieren los alimentos
ofrecidos como premio, mientras que rechazan alimentos por los que se les
ofreció premio).
Debido a un inadecuado
entendimiento de la conducta alimentaria es frecuente la consulta por
inapetencia. La mayor parte de los niños que son llevados a la consulta por
esta causa son realmente sanos y están creciendo normalmente, pues la
supuesta inapetencia resulta usualmente de unas mayores expectativas de los
padres con respecto a la cantidad de comida que debe recibir el niño; muy
pocos casos presentan un compromiso real del crecimiento que pudieran
deberse a trastornos establecidos de la conducta alimentaria.
Cuando los padres tratan de
obligar a comer más a un niño de temperamento dócil o pasivo, éste acabará
sucumbiendo al embate de sus padres, prescindirá de las señales internas de
saciedad comiendo más de lo que necesita, y remplazará dichas señales por
las del "plato vacío", pudiendo llegar con el tiempo a la indeseable
obesidad. En el otro extremo, cuando los padres tratan de imponerle que
reciba más cantidad de comida a un niño de temperamento retador o
“respondedor”, este hará valer su decisión por encima de la de ellos,
cerrará con firmeza la boca e incluso tirara la cuchara con un certero golpe
y cada vez será más firme su negativa a recibir alimentos, produciendo
entonces una situación de verdadera inapetencia desencadenada por la actitud
de los padres, que pensando hacer un bien, están causando un grave daño.
La consigna es: alimentar
despacio y pacientemente, y animar a los niños a comer, pero sin forzarlos:
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Si los niños rechazan
varios alimentos, experimentar con diversas combinaciones, sabores, texturas
y métodos para animarlos a comer.
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Minimizar las
distracciones durante las horas de comida si el niño pierde interés
rápidamente.
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Recordar que los momentos
de comer son periodos de aprendizaje y amor – hablar con los niños y
mantener el contacto visual.
Lactante
o niño pequeño
No se ha demostrado ninguna importancia en relación al hecho de
dar el pecho materno antes o después de la alimentación complementaria,
durante cualquiera de las comidas. La madre puede decidir esto según su
conveniencia o según la demanda del niño.
La consistencia más apropiada
de la comida del lactante o niño pequeño, depende de la edad y del
desarrollo neuromuscular. Al inicio de los 6 meses, el lactante puede comer
alimentos sólidos o semisólidos, en forma de puré o aplastados. A la edad de
8 meses, la mayoría de los lactantes también pueden comer algunos alimentos
que son levantados con los dedos. A los 12 meses, la mayoría de los niños
pueden comer los mismos alimentos consumidos por el resto de la familia. Sin
embargo, los alimentos deben ser ricos en nutrientes. Se debe evitar los
alimentos que pueden provocar asfixia, como por ejemplo, el maní entero.
NEOFOBIAS
Cuatro de cada diez niños se
niegan a probar algo nuevo. Esta conducta, que en el pasado cumplía una
función al protegernos contra el envenenamiento, hoy provoca más de un dolor
de cabeza en los padres y llega a convertirse en un auténtico problema.
La neofobia es una de las
causas de la inapetencia infantil y, por tanto, del empobrecimiento de la
dieta porque, por lo general, manifiestan su aversión hacia verduras y
comidas ricas en proteínas.
Los niños empiezan a mostrar
neofobia alimentaria a partir de los dos años de edad. No debemos forzarlos
a que coman un nuevo alimento, sugerimos incorporarlos uno a uno, en
pequeñas cantidades y de manera repetida. Se ha comprobado que los niños
muestran más tolerancia a las comidas nuevas tras dos semanas de exposición paciente y continuada.
La aceptación de los sabores
amargo y salado no se completa hasta alcanzar la edad de 2 o 3 años. Entre
los 2 y los 6 años las verduras crudas y amargas y algunas frutas provocan
el mayor rechazo.
El pescado también es un
alimento conflictivo.
Los niños también tienen sus
preferencias, y hay que respetarlas, pero no hay que ceder a los caprichos:
si rechaza el alimento nuevo, no se debe cambiar por otro que le guste, ya
que así será muy difícil que lo incorpore.
A partir de
los dos años resulta muy difícil incluir alimentos con los que no ha
existido experiencia gustativa intrauterina o a través de la leche materna,
de manera que las madres que siguen una dieta monótona durante el embarazo y
la lactancia en cierta manera predisponen a sus hijos a la neofobia. Ahora
bien, la neofobia parece tener una excepción: ¡los alimentos dulces! Aunque
hay estudios que señalan que la neofobia es hereditaria, la actitud de los
padres es muy importante.
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